Molesto por la cantidad de deberes que exigían a su hija mayor,  Skinner escribió un día al director de la escuela. Luego evoca una jornada decisiva: “El 11 de noviembre de 1953 di un paso positivo.  Era el Día del Padre en Shady Hill, y junto con otros padres de familia estaba sentado en el fondo del aula asistiendo a una clase de aritmética de Debbie que por entonces cursaba el cuarto año. Los alumnos estaban resolviendo un problema  escrito en el tablero. La maestra caminaba por los pasillos, mirando cómo trabajaban y  señalando de vez en cuando un error. Algunos terminaron enseguida y permanecieron ociosos e impacientes. Otros, cada vez más frustrados, hacían esfuerzos. Por último, se recogieron las hojas que la maestra debía llevarse a su casa, corregir, puntuar y devolver al día siguiente” (1983, pág. 64).

En la mejor tradición de acotaciones interpretativas de la investigación cualitativa, Skinner proseguía así: “De pronto, me di cuenta de que había que hacer algo. Seguramente sin proponérselo, la maestra contravenía dos principios fundamentales: no se decía a los alumnos inmediatamente si su trabajo era correcto o no (un examen corregido y devuelto 24 horas más tarde no podía actuar como refuerzo) y a todos se exigía el mismo ritmo, sin tener en cuenta ni su nivel ni su capacidad” (Ibid.).

Tras formular un par de comentarios, prosigue: “Unos días después construí una máquina de enseñar” (1983, pág. 65). Considerando en esta cuestión bajo la perspectiva de las posibilidades de refuerzo y de la manera de presentarlos, Skinner inició la construcción de máquinas de enseñar, que pronto daría nacimiento a la enseñanza programada. De aquella época data su fórmula para describir la conducta del alumno: “Más que seleccionar las respuestas, el alumno las compone” (Ibid.)

Publicación original: Louis M. Smith ( 1994) B. F.  S K I N N E R (1904 – 1990). Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIV,  3-4, 1994, págs. 529-542.

La máquina de enseñanza de Skinner (1954)

Y unas interesantes reflexiones de Isaac Asimov 34 años después…

 

Para saber más:

Artículo del profesor  Luis Valero

Blog sobre innovación educativa

Máquinas de enseñanza

8 pensamientos en “Máquinas de enseñanza

    • 23/11/2011 a las 13:26
      Enlace permanente

      Gracias Ángel. Mis felicitaciones por tu blog. Da gusto ver a gente que no procede de la Psicología el valorar la obra de Skinner. Tienes la ventaja de que en tus estudios no te meterían tantos prejuicios, así como el recibir una formación más técnica que ideológica…

      Responder
  • 25/11/2011 a las 15:32
    Enlace permanente

    Un par dice el otro….

    En Hespaña al menos necesitaríamos 5.000, empezando por las «Facultades» de Economía y Derecho.

    Saludos.

    Responder
  • 28/11/2011 a las 02:10
    Enlace permanente

    Me faltan los «+1» y «me gusta» a los que nos tiene malacostumbrados facebook… pues nada, que muy acertados los últimos comentarios.

    Responder
  • 08/02/2014 a las 18:26
    Enlace permanente

    Los desarrollos de Skinner siempre me han gustado, sin embargo, no podemos concluir que el modelo E-R sea el acertado. Sí creo que el esquema conductista puede ser de utilidad cuando la modificación de la conducta resulta de vital importancia en términos inmediatos, en particular, cuando tal cambio hace impacto sobre la calidad de vida de las personas. Un ejemplo de ello podría ser el caso de los toxicómanos y otros adictos, e incluso, en el caso de las obesidades mórbidas o los desórdenes alimenticios.

    Sin embargo, el negar radicalmente la existencia de la mente nos lleva a pensar que somos entidades cuya conducta objetivamente observable depende exclusivamente del estímulo recibido y los refuerzos aplicados con absoluta carencia de un conjunto de vivencias, únicas e irrepetibles, que constituyen, en cierta medida, la personalidad del sujeto, y que, por tanto, tales conductas devienen tanto de tal configuración como de la actitud, activa o pasiva, asumida por sujeto que interviene en el mundo.

    No creo que pueda concluirse que la personalidad, es entonces, una mera concatenación de experiencias y refuerzos que forjan la personalidad, sino que si en parte esto es cierto, también lo es el hecho que el sujeto en sí, tiene potencialmente la capacidad para decidir en un sentido o en otro en cada aspecto de su vida, o al menos, en la mayoría de ellos en función de su realidad y en la medida en que las externalidades que no siendo modificables por él, se lo permitan.

    Asumir lo contrario implica creer que quien asume el papel de otorgar los refuerzos lo hace sólo porque está determinado objetivamente a hacerlo, por una cuestión de estímulos, sin ningún tipo de mente, que medie entre lo que esta observando y los criterios que hacen a la decisión de reforzar o no una determinada conducta en el sujeto.

    Responder
  • 09/02/2014 a las 14:01
    Enlace permanente

    Estimado Pol. Gracias por tus comentarios. Sólo que no estoy de acuerdo en que la psicología de Skinner sea una psicología E-R. Es una psicología no mecanicista, de corte probabilistico, en que el sujeto es activo, opera sobre el medio y lo transforma, lo que a su vez transforma las probabilidades de acción futura del sujeto. Es un enfoque historicista y contextualista, una trascripción de las ideas de evolución y selección natural de Darwin aplicadas a la conducta. En el siguiente enlace tienes un excelente resumen de la teoría de Skinner:

    http://youtu.be/C_pcfBs6sYw

    Obviamente, como psicólogo que cree en la posibilidad de una ciencia de la conducta, con lo que tampoco estoy de acuerdo, y parece desprenderse de tu comentario, es que haya algo más que un organismo con su historia genética y su historia de aprendizaje. No existe, creo, el hombre autónomo, el homúnculo que toma decisiones con independencia de lo vivido y heredado.

    Responder

Responder a KC Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *